Las Antorcheras: Asoc. Juvenil “PAGOKI”.

La villa de Fuenterrabía había sido tomada el 18 de octubre de 1521 por fuerzas navarras con apoyo de tropas francesas en nombre del rey Enrique II de Navarra, en un intento de recuperar el Reino de Navarra conquistado en 1512 por tropas castellanas. El castillo de Behobia fue abandonado por el ejército navarro y, cuando iba a ser volado, fue tomado por las tropas castellanas.​

“Aunque la Villa de Fuenterrabia era poseída de franceses, el castillo de Behobia habiéndole cobrado de su poder por la orden sobredicha, estaba por Alcaide el dicho Capitán Ochoa de Asua, con algunos soldados, los más de ellos jubilados por ser de edad. Los franceses, deseaban tomar a su poder el castillo de Behobia, porque además del daño y estorbo que en el Paso Real de Francia para estos reinos les causaba, sentía a aprobio, que teniendo ellos Fuenterrabia, viese tornado a poder de los españoles media legua de aquella Villa esta fortaleza, guardada con tan poca gente, por la espalda y a favor que los naturales de Irún Uranzu, en cuyo distrito cae aquella fortaleza[1]”.

[1] Esteban de Garibay. Los cuarenta libros del Compendio Universal.

El sábado 28 de junio de 1522, las tropas navarras con labortanos y mercenarios alemanes intentan pasar el Bidasoa en dos gabarras, para transportar artillería pesada para el sitio del castillo. Pero son obligados a retirarse por los defensores del castillo, y gente de Irun. Se dirigen río arriba y, a la media noche y a un cuarto de legua del castillo, vadean el río sin llevar la artillería pesada y se instalan en lo alto del monte Aldabe, que domina el castillo. Quedan los franceses en lo alto del monte mientras los alemanes bajan con la artillería para atacar el castillo.

LAS ANTORCHERAS

Aquel año de 1522, Irun estaba bajo el mando de los Capitanes Juan Pérez de Azcue, natural de Fuenterrabía, y Miguel de Ambulodi, vecino de Irun y natural de Oyarzun, que estaban en Irun con 400 soldados, que, al ver el peligro que corría el castillo, se dirigen a San Sebastián para informar al Capitán General Don Beltrán de la Cueva.

Este disponía de menos de 2.000 soldados y de 200 hombres de caballería para la defensa de San Sebastián, por lo que se resiste ante la dificultad de la empresa. Los capitanes le dicen que, si él no puede, ellos atacarán a las tropas navarras en defensa de su hogar, ante lo que el capitán General, accede a acompañarlos hacia Irun, con casi toda su tropa de infantería y 150 de caballería. Los capitanes Azcue y Ambulodi consiguen reunir a 1.500 hombres del lugar para vencer al enemigo.

Llegaron de noche y en silencio hasta el valle de Saroya de Aguinaga, el señor del caserío  Burutaran les aconsejo que silenciaran los cascos y ataran  las lenguas de sus caballos para que estos no pudiesen relinchar y no alarmasen del avance al ejército invasor. A su vez, Mosén Pedro de Hirizar clérigo y vecino de Rentería era tenedor de bastimentos y tenía una partida de 400 teas, llamadas también hachas de palo. Reunió a 400 mujeres y niños, por la noche, con las 400 hachas de madera encendidas avanzaron por el Camino Real, desde el cruce de los caminos de Oyarzun y la Rentería hacia Irun. Asi estuvieron toda la noche. Llegaban a cierto punto donde apagaban sus antorchas y volvían al final para encenderlas de nuevo. Esto hizo pensar a  los franco-navarros que el ataque vendría por ese lado de Irun. Pero mientras tanto, los Capitanes Azcue y Ambulodi, con las tropas locales, atacan a los franceses, a los que encuentran desprevenidos. En la refriega hay algunos muertos y unos 30 prisioneros, dándose a la fuga el resto de los franceses.

El capitán Ambulodi, una vez informado D. Beltrán, que se encontraba Saroya de Aguinaga, marchó con 400 hombres de las milicias locales a reconocer las tropas alemanas, mientras D. Beltrán, con sus hombres, se dirigía a Aldave. Ambulodi, al romper el alba, mató a los centinelas alemanes y lanzó un ataque con sus ballestas, que produjo varios muertos. Los alemanes, al ver que eran tan pocos, fueron a atacarles, mientras los iruneses se retiraban monte arriba, donde les esperaban refuerzo al mando del Capitán Lope de Irigoyen, de Irún, que al ver cerca a los alemanes, les atacó con ballestas y espingardas. En este ataque murieron el jefe de los alemanes, “señor de la casa de Sant Martin” y el Alférez abanderado alemán. Viéndoles caer, al sentirse atacados desde la cima y al darse cuenta de que los franceses habían huido, se retiraron.

“fueron muertos más de dos mil y ocho cientos alemanes, así por las armas como ahogados en el río bidasoa, queriendo huir a Francia, y con ellos murió su Coronel. Los que a vida quedaron siendo hasta setecientos alemanes, hicieron junto al castillo un escuadrón, tan cerrado, que ningún podía llagar a romperlos, aunque el Alcaide del Castilla jugaba con la artillería, hasta que el General D. Beltrán descendiendo de la casa de Aldave, los rompió con la caballería y fueron luego presos todos. Todo esto se hizo antes de que el sol saliese, siendo cosa muy de notar, que en la batalla donde hubo tanta efusión de sangre, que solo un español muriese, el cual aún no fue muerto de los enemigos, sino de los suyos, pensando ser enemigo, por haberse vestido las ropas de un alemán de los muertos. También murió un hombre de armas ahogado en el río bidasoa, por tener el caballo desbocado. Sucedió también otro notable caso, que un soldado castellano, de oficio zapatero, llamado Pedro Ladrón siendo muy desbocado y blasfemo, fue herido de una bala de espingarda en la lengua, que fue juzgado por divina permisión, aunque la herida no fue mortal”. [2]

[2]  Esteban de Garibay. Los cuarenta libros  del Compendio Universal.

En 1937, la <procesión de las antorchas> figura en el programa de los actos organizados para conmemorar el primer aniversario de la liberación de la ciudad el 4 de septiembre (Guerra civil española 1936-1939). Fue una manifestación de fe conmovedora. En la procesión que salió del templo parroquial a las 9 de la noche, figuró la imagen de la Virgen del Juncal, circunstancia que en contadas ocasiones se había dado. Miles de fieles con velas encendidas acompañaron a la imagen venerada por las calles en ruinas; Escuelas, Fermín Calbetón, Pº de Colón, Plaza de España, Plaza de San Juan y calle de la Iglesia. Se dice que fue un acto impresionante.

 

ASOCIACION JUVENIL “PAGOKI”

Desde 1998, la Asociación Juvenil  Irundarra “Pagoki” recuperó este acto en el año 1998, que viene rememorando este hecho histórico con todas aquellas mujeres, niños y niñas de la comarca que voluntariamente se prestan a ello.

Cada año, en esa noche del 29 de junio, recorren las calles del Camino Real ataviadas con prendas que evocan aquella época y con la única luz de sus antorchas.

La salida tiene lugar a las 22: horas desde la calle de Artaleku, a la altura del ambulatorio de Hermanos Iturrino, bajando por la calle Mayor, Plaza de San Juan, siguiendo por las calles San Marcial, Sargia, Larretxipi, Plaza de Urdanibia, Santa Elena, calle de la Ermita y molino de Arbes para finalizar en el puente de Artiga, bajo el monte Aldabe, nombre que recibía hasta la batalla de San Marcial en 1522, ya que después de de la gran victoria pasó a llamarse Monte de San Marcial En algunos puntos de estas calles, hay preparados grupos que al paso de las Antorcheras invaden el silencio con el sonido de la Txalaparta.

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